22 de abril

Añoraba escribir. Lo necesitaba. Como lo he dicho anteriormente, por contradictorio que parezca, estar atiborrada de pensamientos me bloquea. No soy buena para mantener mi vida organizada como me gustaría, mucho menos lo soy con mis pensamientos para poderlos plasmar. Supongo que es algo que podré trabajar si así me lo propongo. Existencial, así soy la mayoría del tiempo. Aunque no es algo que pueda manifestar con cualquiera, necesito sentirme en confianza para expresar aquello que me angustia a las dos de la tarde, o a las tres de la mañana.

Hoy, mientras escuchaba «Something in the rain» de Rachael Yamagata, me puse a pensar en el amor. En la forma en la que lo he visto durante este tiempo. La visión que tenía antes de querer a alguien y la que tengo después de haber experimentado el gusto por alguien que no me atraía por su físico, sino por su ser. Puedo decir con seguridad que cada palabra que decía me hacía sentir diferente. Fue la primera vez que lloré por amor hasta quedarme dormida. Pero me alegró cuando lo vi feliz al lado de alguien más. Aún le guardo mucho cariño y respeto, y como me lo dio a entender en un poema que me escribió, ya nuestros caminos no se cruzarían, porque aunque así lo hicieran, caminamos por rumbos diferentes. Nos vemos diferente. Y reconozco que soy tan inexperta en el amor, que no sé con seguridad si eso era amar, o si algún día comprenda lo que hacerlo significa. Lo que aprendí, es que es posible querer a alguien con pasión y dejarlo ir.

El amor se transforma. El te quiero de hoy, no es el mismo de ayer. Es lo increíble de los sentimientos, son transitorios. Y aunque puedo llegar a ser bastante cursi, la mayoría del tiempo soy cortante. Tengo que sentir una conexión de verdad, antes de expresar algún sentimiento. A decir verdad, soy bastante odiosa cuando me lo propongo, no en el sentido literal de la palabra, pero cuando no me nace, no puedo ser amorosa con quien no lo inspira. Se supone que por lógica, así debería ser. No dices lo que no sientes. Pero he visto a personas decir “te amo” con tanta facilidad, que me cuesta creerlo. No significa que decirlo deba ser difícil, sino que no es algo que se diga por decir. Se tiene que sentir de verdad. Si bien es cierto que somos nosotros quienes complicamos la situación, me niego a creer que sea algo simple.

Encontramos también, amor en las cosas que no son cosas. No sé si les ha pasado, que van caminando y de repente sienten amor por lo que ven. Es un amor diferente, como de agradecimiento. Por lo menos yo lo he sentido mirando un árbol, un pájaro, mirando la lluvia, incluso mirando el asfalto. Me gusta sentir que camino, que puedo oler, que puedo observar. En medio de lo que vivimos hoy en día, he comenzado a apreciar más esos momentos que ahora parecen tan lejanos, ¿nunca han sentido como recarga de energía acariciar a un animal que de repente se nos acerca en la calle? Es una sensación sublime. También un poco amarga cuando no puedes llevar a tu casa a aquel ser que te recargó.

El amor se cultiva, dicen algunos. Yo lo creo. Creo también que el amor es algo mágico. No lo escoges, él te escoge a ti. Se te cala en los huesos y te cambia la vida. No puedo creer que el amor sea menos. Yo creo que te atrapa y tú lo mantienes. El amor no es visitante, es invasor. No está al alcance de nuestro entendimiento, pues cuando creemos entenderlo, nos toma vulnerables y no hay vuelta atrás.

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