EL ESPEJO

A veces uno es manantial entre rocas y otras veces un árbol con las últimas hojas – Mario Benedetti

Me habita. No, no me habita. ¿Me gusta la persona o la idea?, ¿la idea?, ¿qué idea? En blanco. Son dadas mis palabras al viento, lo sé. Música. Ventanas, ¿has visto las ventanas que me habitan? ¡Dímelo! ¡Quiero saber! ¿Están limpias o llevan manchas? ¿Cuándo llueve las gotas caen rápido o lento? ¿De qué color es la cortina?, ¿es rosa o es amarilla? ¿Los pájaros se asoman? ¡Quiero saber!

La miro y a veces no la reconozco. Otras veces la miro, y la miro, y la vuelvo a mirar. Me gusta lo que veo. Espera… ¿y esto? ¡No, ya no me gusta! De seguro no está tan mal, pero podría verse mejor. Tal vez no me entiendas, pero es que el cabello no es tan largo y, además, ya tiene raíz. Aunque, si la miras bien, tiene una piel bonita. Es blanca y dependiendo de la situación le pueden nacer dos flores en las mejillas.

¿Será realmente bonita? ¿Tú qué piensas de ella? A veces se pierde los amaneceres con tal de dormir cinco minutos más. Le gustan los girasoles, las suculentas también, aunque no las cuida muy bien. Utiliza de contraseña libros que no ha terminado. Y que de seguro te va a recomendar, porque son buenos libros, solo que ella a veces no los termina.

Le da vuelta a los asuntos. Una, y otra, y otra vez. Piensa demasiado, al mismo tiempo es tan dispersa. Ama a los gatos, pero un poquito más a los perros, y si la pones a decidir, no podrá elegir. No le gusta limitarse. Y aun así se ha limitado tantas veces.

Ella es romántica, pero no suele dar aquello que espera recibir. Ella da porque le nace, si no le inspiras, nada que hacer. Si te cuenta lo que siente, es porque le transmites. Si no te cuenta, es porque poco le interesa que la escuches. Le gusta el amor libre, sabe que el amor ha de ser libre, pero todavía se pregunta qué es la libertad en el amor. Ella se contradice. Apenas se conoce. A veces le asusta descubrirse… ¿Qué ves tú?

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